El Yankee se jodió

|Por: José Carlos Bonino

Las raíces históricas de nuestro triunfo en las Elecciones Soberanas del pasado 7 de noviembre, se encuentran en el 4 de mayo de 1927. Ese día, el General Sandino no aceptó traicionar su propia lucha y cambió la naturaleza de la guerra, de una guerra civil entre liberales y conservadores a una guerra de liberación nacional contra los invasores norteamericanos.

Desde el día de nuestra Dignidad Nacional, Nicaragua cambió y no volvió a ser la misma, sin embargo, desde entonces nuestro enemigo externo ha sido el mismo.

El General Sandino, más allá de no aceptar el pacto del Espino Negro, introdujo una discusión de raíz en la historia politica Nicaragüense, una disyuntiva radical entre el estado nación, una construcción formal desde las élites, desde arriba, o la nación-pueblo una construcción sustancial desde las masas, desde la clase trabajadora y sus reivindicaciones históricas.

Con esta acción, el General rompió por primera vez en Nicaragua, las que años más tarde el Comandante Carlos llamaría “Paralelas Históricas”, que han sido y son un instrumento del imperialismo, la estrategia para controlar y reprimir en el continente entero, las fuerzas de liberación que habitan en los pueblos.

Estas paralelas históricas no son más que lo que hoy conocemos como la democracia de las élites: la oligarquía organizada en dos cúpulas, que se turnan en el poder, garantizando la concentración de la riqueza en los bolsillos de esas cúpulas vendepatrias, la sumisión ante los designios de los imperialismos, así como la participación de sus transnacionales y sus bancos en nuestras economías nacionales, a costo de la pobreza y esclavización de nuestros pueblos.

A 94 años de distancia, nuestra Revolución hoy ha construido nuevas estrategias y formas de organizar nuestro propio desarrollo, cobijados por la autodeterminación y la defensa de la soberanía, dando como resultado una combinación inédita, fruto de más de medio siglo de experiencia, desde la fundación del FSLN a principios de los años sesenta.

Desde los guerrilleros de las primeras generaciones; desde las circunstancias históricas adversas durante 18 años que duró la lucha, hasta convertimos en un movimiento de masas capaz de llevarnos al triunfo de la Revolución Popular Sandinista en 1979.

Luego llegó la década revolucionaria, con una economía de guerra y enfrentando el desgaste de una intervención armada de baja intensidad. 

Posteriormente, los diecisiete años de defensa de las conquistas revolucionarias gobernando desde abajo, la construcción de la unidad popular necesaria, hasta que se logró nuestro regreso al gobierno, a través de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa.

Así llegamos al tiempo presente, marcado por el éxito que hemos tenido bajo la conducción del Comandante Daniel y la Compañera Rosario en la última década y media, la defensa de nuestro proceso ante el intento fallido de golpe de estado en el 2018 y el triunfo ante este intento.

La profundidad histórica de nuestra experiencia revolucionaria es percibida por los poderosos de la tierra como una amenaza por su ejemplo, por su capacidad de inspiración de otros pueblos en nuestros logros, que “desafiado la fuerza de gravedad” como decía el Comandante Chávez, hemos conseguido construir una revolución inédita y exitosa en pleno siglo XXI.

En la coyuntura actual global, vivimos en tiempos en los que las Revoluciones Victoriosas como la nuestra, son el enemigo natural del Capitalismo Global, porque se encuentran al centro de la contradicción fundamental en nuestro tiempo: los pueblos soberanos que luchan por su autodeterminación y soberanía, con una visión integral de la vida, como parte de la construcción compartida de un nuevo horizonte civilizatorio, un nuevo destino humano. Y el imperialismo por otro lado, con sus casi mil bases militares a nivel global, con sus ansias desmedidas de poder, para controlar el mundo y seguir concentrando la riqueza en pocas manos, poniendo en riesgo la sobrevivencia de nuestra especie y del planeta.

Nuestro enemigo histórico vive una etapa de decadencia, su propuesta política de ingeniería social y económica, conocida como el neoliberalismo ha ido caducando y en los últimos dos años ha mostrado su verdadera naturaleza, bajo las condiciones que impuso la pandemia.

Nosotros en cambio, desde hace ya 94 años, representamos una esperanza de emancipación para los pueblos que aún no han podido liberarse. Nuestro pueblo batalla en contra de ese capitalismo salvaje y sus instrumentos injerencistas, desde la vigencia de los valores que los próceres y héroes nos han dejado como legado histórico y su herencia de dignidad.

Es una batalla entre los pueblos que quieren forjar la paz, para construir bien común y prosperidad para todos y los imperios, que hacen la guerra para controlar y destruir a los pueblos soberanos. La nuestra es una batalla por la Paz y la soberanía. ¡Es una batalla en defensa de la Vida!