Red de Intelectuales apoya renuncia de Nicaragua ante la OEA

Comunicado de la Red de Intelectuales, Artistas y Comunicadores Solidarios con Nicaragua y el FSLN del Estado Español, en respaldo a la renuncia de Nicaragua ante la OEA.

La Red de Intelectuales, Artistas y Comunicadores solidarios con Nicaragua y el Frente Sandinista del Estado español, manifiesta su profunda adhesión a la decisión soberana, tomada por el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional de la República de Nicaragua, en coordinación plena con todos los Entes del Estado, de abandonar la Organización de Estados Americanos y emplaza a otros países de Nuestra América a seguir su ejemplo.

En efecto, la OEA jamás ha sido una institución destinada a favorecer la integración americana mediante la cooperación de las naciones que la conforman en régimen de igualdad. Todo lo contrario, se ha erigido como un instrumento de dominio colonial de los Estados Unidos en todo el continente, siguiendo los manidos principios de la doctrina Monroe. Ha sido un mecanismo nefasto utilizado para “disciplinar”, mediante amenazas, chantajes, injerencias, coacciones, manipulaciones a las naciones que buscan su propio camino, lo cual, demostrado está, mientras más alejado sea del que los Estados Unidos tratan de imponer, mejor es para los Pueblos libres. Los ataques a la soberanía y las injerencias en procesos internos de estados miembros cuyas políticas no se ajustan a las directrices del vecino del norte, han sido y son parte del quehacer cotidiano de la Organización.

No se trata, por tanto, de hechos coyunturales, dependientes de quién detente temporalmente la Secretaría General de la OEA, como es el caso del nefasto Luis Almagro. Es mucho más que eso. En el ADN de esta institución está grabado a fuego el servir exclusivamente a los intereses norteamericanos y la a explotación de los recursos de América Latina y el Caribe para satisfacer sus necesidades. Por eso, porque está viciada desde su origen, y porque creemos que la Organización de Estados Americanos es absolutamente irreformable, pensamos que la decisión de abandonarla era algo inevitable.

Nicaragua, junto a otros países del continente que desean mantener intacta su soberanía nacional, deben trabajar en otros instrumentos de integración regional (ALBA, CELAC…) que permitan justamente lo contrario: enfrentar unidos las presiones imperialistas, para realizar políticas de buen gobierno, de superación de las desigualdades, de crecimiento económico sin dejar a nadie atrás, de utilización de los recursos naturales patrios para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Estas obviedades, que pueden parecer simples lugares comunes inherentes a la labor de cualquier gobierno del mundo, se tornan en verdaderos actos revolucionarios cuando se trata de aplicarlos libremente en América Latina. Los analistas geopolíticos coinciden en que si Estados Unidos desea seguir siendo el hegemón mundial por algunos años más, necesita imperiosamente adueñarse de las riquezas (hidrocarburos, litio, agua, oro, etc.) de todo el continente.

El proceder de Luis Almagro durante el proceso que condujo a las más recientes elecciones generales celebradas el 7 de noviembre, ha sido la gota que colmó el vaso. En la práctica, ha sido un aliado de la ultraderecha extraparlamentaria sin ningún apoyo popular, financiada por los EEUU para desestabilizar a la República. Sus llamados a desconocer el resultado electoral han sido permanentes, a pesar de que en estas elecciones se han presentado prácticamente los mismos partidos políticos que en los dos comicios anteriores, que sí contaron con el plácet imperial y de la mal llamada comunidad internacional.

Las exigencias a Nicaragua de no aplicar la legislación vigente o de derogar instrumentos del ordenamiento jurídico nacional son absolutamente inadmisibles y violan la Carta de la OEA e incluso la Carta de Naciones Unidas en relación al respeto a las decisiones soberanas de los estados. La permanente injerencia de la Organización de Estados Americanos en asuntos que no le competen, además de ilegal, desacredita la naturaleza de este organismo y lo inhabilita para ejercer ninguna función mediadora en el futuro.

En este sentido, la participación de Almagro en el golpe de estado contra Bolivia, debería haber bastado para apartarlo del cargo. El hecho de que hoy en día siga siendo Secretario General, indica la escasa calidad democrática de este organismo y su verdadero cometido político. Afortunadamente, desde el 15 de septiembre de 1821, Nicaragua no es colonia de ningún imperio y tiene autonomía suficiente para tomar sus propias decisiones. Esto incluye su plena capacidad legislativa sin más limitaciones que el respeto a la legalidad internacional y la Constitución de la República que en su primer artículo dice así:

“La independencia, la soberanía y la autodeterminación nacional, son derechos irrenunciables del pueblo y fundamentos de la nación nicaragüense. Toda injerencia extranjera en los asuntos internos de Nicaragua o cualquier intento de menoscabar esos derechos, atenta contra la vida del pueblo. Es deber de todos los nicaragüenses preservar y defender estos derechos”.

Así, la decisión de abandonar la Organización de Estados Americanos, no es únicamente una decisión política o una cuestión moral, se trata de un deber jurídico avalado por, nada más y nada menos, que por la Carta Magna, la ley de leyes que rige los designios del país y protege su democracia.

Secretaría de Comunicación
Red de Intelectuales, Artistas y Comunicadores solidarios
con Nicaragua y el Frente Sandinista del Estado español
Madrid, 22 de noviembre de 2021